Un sistema de transporte neumático fiable comienza con un conocimiento preciso del comportamiento del material. Cada polvo responde de forma diferente a la velocidad de transporte, la configuración de la tubería y las condiciones de presión. Un sistema que funciona correctamente para un producto puede provocar degradación del material o un transporte inestable cuando se utiliza con otro.
Durante el diseño del sistema se evalúan parámetros como la distribución del tamaño de partícula, la densidad aparente, la fluidez, el contenido de humedad, la abrasividad y la fragilidad del producto. Estos factores determinan el principio de transporte más adecuado, el diámetro de la tubería, la velocidad de transporte y el sistema de separación del producto. Adaptar el sistema a las características del material ayuda a preservar la calidad del producto y a reducir el desgaste, el consumo energético y las necesidades de mantenimiento.